¿Crees que llegarás a vender antes de fin de año?
La falacia de la planificación dice lo contrario
“Hay tiempo de sobra. Después del verano la ponemos a la venta y antes de Navidad nos olvidamos”.
Con la vuelta a la rutina, septiembre llega cargado de responsabilidades y preocupaciones. Lo último que suele apetecer es añadir además la venta de una vivienda.
Pensamos que en octubre estaremos más relajados o que, quizás, noviembre sea mejor opción, convencidos de que eso nos dejará margen para acabar el año con la operación finalizada.
Este planteamiento hace que muchos propietarios planifiquen la operación pensando solo en las acciones básicas:
- Preparar el inmueble
- Hacer las fotos
- Publicarlo
- Encontrar comprador
- Formalizar el contrato
- Firmar la venta
Sobre el papel parece perfectamente asumible llegar a las campanadas con el dinero en cuenta y las llaves entregadas. Sin embargo, basta con que aparezcan pequeños retrasos en la documentación, la financiación o la negociación para que ese calendario empiece a desajustarse.
Detrás de ese optimismo existe un sesgo cognitivo ampliamente estudiado por la psicología: la falacia de la planificación, que describe nuestra tendencia a infravalorar sistemáticamente el tiempo que necesitaremos para completar una tarea, incluso cuando ya hemos pasado por experiencias similares.
Aunque suele utilizarse para explicar por qué reformas, mudanzas o proyectos laborales acaban alargándose más de lo previsto, este sesgo también ayuda a entender por qué muchos propietarios quieren vender antes de que acabe 2026, pero empiezan a actuar demasiado tarde.
Los plazos que no calculamos
La falacia de la planificación no nos afecta por desconocimiento de los plazos. En mayor o menor medida, todos conocemos los pasos que hay que dar para llegar a concluir la compraventa de un inmueble.
Nos afecta porque tendemos a pensar en el proceso como algo lineal, en el que cada fase comienza justo cuando termina la anterior y nada altera el calendario previsto.
Sin embargo, la realidad se parece más a una cadena en la que cada eslabón depende de que el anterior haya terminado correctamente y, en muchas ocasiones, de que intervengan terceros sobre los que el vendedor no tiene ningún control.
Todo empieza antes incluso de publicar el anuncio.
- Una valoración poco ajustada al mercado puede hacer que la vivienda permanezca meses sin despertar interés, mientras que preparar correctamente el inmueble, reunir la documentación o disponer de un reportaje fotográfico de calidad puede requerir varios días o semanas si no se ha planificado con antelación.
- La comercialización va a marcar el ritmo de los siguientes pasos y se basa en factores como
- El precio de salida
- La ubicación
- El estado de conservación
- La oferta disponible en la zona
- El perfil de los compradores.
Algunas viviendas generan interés casi de inmediato; otras necesitan reajustes o un mayor periodo de exposición antes de encontrar al comprador adecuado.
- Y cuando llega el comprador, empieza la negociación, que suele olvidarse cuando se piensa en los tiempos. Negociar es cuestionar condiciones, revisar la documentación, realizar la tasación bancaria, obtener la aprobación de la financiación y coordinar la firma ante notaría.
Solo con que uno de esos elementos se demore todo el calendario previsto tendrá que desplazarse. Basta un par de ejemplos: la emisión del certificado energético puede requerir hasta una semana desde la visita del técnico y la tramitación de la hipoteca suele requerir entre uno y tres meses.
Imagina las posibilidades de retraso que se pueden ir sumando, paso a paso.
Y, a pesar de ello, seguimos hablando con propietarios que prefieren dejar la venta en pausa confiando en que todo discurrirá sin imprevistos.
Este exceso de confianza no es casual. Los trabajos de Daniel Kahneman y Amos Tversky demostraron que las personas tendemos a estimar los plazos de los proyectos complejos fijándonos en el escenario más favorable, mientras infravaloramos la probabilidad de que aparezcan retrasos perfectamente normales.
La compraventa de una vivienda responde exactamente a esa lógica. Muchas operaciones pueden cerrarse en poco tiempo, pero otras son más complejas y necesitan de algo más que la voluntad del vendedor.
Porque, precisamente, lo que convierte una compraventa en un proceso difícil de prever no es la cantidad de pasos, sino la cantidad de decisiones ajenas que intervienen en ellos.
- La valoración depende del mercado.
- El interés que despierte la vivienda depende de la demanda existente en ese momento.
- La negociación requiere que comprador y vendedor alcancen un acuerdo.
- La tasación corresponde a un tercero.
- La aprobación de la financiación la decide una entidad bancaria.
- La firma depende de la disponibilidad de todas las partes implicadas.
Es decir, el calendario de una compraventa no lo construye una sola persona, sino la coordinación de numerosos actores cuyos tiempos no siempre coinciden y eso puede alargar el tiempo final mucho más de lo esperado.
En las operaciones inmobiliarias el tiempo no avanza al ritmo de un calendario, sino al ritmo del trámite que más se retrasa.
El impacto real de la falacia de la planificación
Hasta ahora hemos hablado del tiempo como una cuestión de organización. Y, por supuesto, la dilatación del tiempo implica muchas repercusiones. Pero además, esas consecuencias adquieren todavía más importancia cuando las analizamos desde un punto de vista económico.
Cuando la intención es vender antes de finalizar el ejercicio, cada semana que se retrasa el inicio de la operación reduce el margen disponible para absorber cualquier incidencia.
Y, si finalmente la firma se desplaza al año siguiente, las implicaciones ya no son únicamente de planificación.
En Bizkaia como en otros territorios, la fecha en la que se formaliza la transmisión determina el ejercicio fiscal en el que deberá declararse la ganancia patrimonial obtenida por la venta.
En función de las circunstancias personales de cada propietario, adelantar o retrasar esa tributación puede tener un impacto relevante dentro de su planificación económica y fiscal.
A esto hay que añadirle que muchas ventas no son operaciones aisladas. Puede que se trate de una vivienda heredada que no va a implicar nada más, pero muy a menudo forman parte de decisiones más amplias: comprar otra vivienda, reorganizar el patrimonio familiar, cancelar una financiación o disponer de liquidez para afrontar nuevos proyectos.
Esto aumenta y mucho el perjuicio que se sufre cuando el calendario se desplaza unos meses.
Precisamente por eso, septiembre suele ser un momento especialmente adecuado para quienes tienen como objetivo vender antes de que acabe el año.
Siendo sinceros no existe una fecha mágica para colocar el cartel de “Se vende”, pero sí que es interesante trabajar con margen suficiente para negociaciones más largas de lo previsto, incidencias documentales o financiaciones que se atrasan. Y empezar en septiembre reduce la probabilidad de que un retraso condicione por completo una decisión económica, al devolverle al propietario el margen que la falacia de la planificación suele hacerle perder.
El verdadero coste fiscal de la falacia de la planificación no siempre consiste en pagar más impuestos. A menudo consiste en perder la posibilidad de decidir cómo y cuándo quieres pagarlos.
Consejos Broker
Si tu intención es vender la vivienda antes de que termine el año, estas tres recomendaciones pueden ayudarte a evitar que la falacia de la planificación juegue en tu contra.
Empieza antes de necesitar vender
La mejor forma de reducir la presión de los plazos no es acelerar el proceso, sino iniciarlo con margen suficiente. Cuanto antes prepares la documentación, valores correctamente el inmueble y pongas en marcha la comercialización, mayor capacidad tendrás para absorber imprevistos sin que la fecha de la firma se convierta en una carrera contrarreloj. Incluso aunque quieras empezar a comerciarla unas semanas después, tener ya todo listo es lo ideal.
Fíjate una fecha límite para empezar, no para vender
Muchos propietarios se obsesionan con la fecha de la firma, cuando la decisión realmente importante es cuándo comienza la operación. Si esperas a “un momento mejor” es probable que ya estés cayendo en la falacia de la planificación. Piensa que quien necesita vender antes de una fecha concreta suele negociar desde una posición más débil. Disponer de tiempo suficiente permite valorar ofertas con más calma y decidir sin prisas.
No conviertas un deseo en un plazo
Fijar una fecha por necesidad es una cosa, hacerlo porque has pintado un escenario ideal en tu cabeza es otra. Si no tienes prisa real, no fuerces el cierre solo por llegar a las campanadas con la operación cerrada. Cuanto más confundimos un deseo con un calendario realista, más posibilidades tenemos de terminar negociando con prisas o aplazando decisiones importantes.
﹊
La falacia de la planificación nos hace creer que el futuro será más sencillo de lo que realmente acaba siendo. En una compraventa inmobiliaria esa confianza excesiva puede traducirse en prisas, pérdida de oportunidades o incluso en no llegar a tiempo a un objetivo que parecía perfectamente alcanzable meses atrás.
¿Vender antes de que termine el año forma parte de tus planes? Entonces no aceleres cuando llegue octubre.
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