Proyección emocional: una decisión de verano puede condicionar tu patrimonio meses después

Pasamos gran parte del año pendientes del trabajo, los horarios y las obligaciones. Los niños, las extraescolares, las reuniones, el despertador, el supermercado…

Pero entonces, llega agosto y nos regala algo que escasea el resto del tiempo: momentos para relajarnos y espacio para pensar. 

Y cuando tenemos tiempo para pensar, tendemos a imaginar el futuro. Lo hacemos constantemente, aunque casi nunca nos demos cuenta.

  • Si esta casa seguirá teniendo sentido cuando llegue la jubilación
  • Si algún hijo volverá a casa 
  • Qué haríamos con una buena lotería 
  • Cómo hacer de esa habitación un mini gimnasio
  • Si necesitaremos espacio para cuidar a nuestros padres
  • Si merece la pena conservar una vivienda familiar
  • Qué haremos con esa segunda residencia que cada vez utilizamos menos

Todas esas posibilidades existen. ¡Incluso la de la lotería!

El problema es que las decisiones patrimoniales no pueden construirse únicamente sobre posibilidades.

Por eso no es buena idea tomar decisiones presentes basándonos en una vida futura que todavía no existe. Y agosto, con todo ese tiempo para imaginar escenarios, suele ser terreno fértil para ello.

Curiosamente, muchas de las decisiones más importantes que tomamos en nuestra vida no se toman frente a una hoja de Excel con pros y contras, ni durante una reunión con una entidad financiera. Nacen en una sobremesa de verano, en una charla con un amigo, o al entrar en una habitación que lleva años sin utilizarse.

Porque las viviendas tienen una capacidad extraordinaria para conectar con algo que va mucho más allá de los números. 

Conectan con nuestros recuerdos, con nuestras expectativas y, sobre todo, con la idea que tenemos de nuestro propio futuro.

Esto se conoce como proyección emocional y es mucho más común de lo que nos gusta reconocer. Podríamos resumirlo como la tendencia a imaginar cómo será nuestra vida dentro de unos años y actuar como si ese escenario ya estuviera garantizado. 

Suena inofensivo ya que, al fin y al cabo, todos imaginamos el futuro. Sin embargo, cuando esas proyecciones empiezan a influir en decisiones relacionadas con nuestro patrimonio, sus consecuencias pueden acompañarnos durante muchos más años de los que creemos.

La casa donde vivimos y la vida que imaginamos

¿Recuerdas cómo imaginabas tu vida hace diez años? Piénsalo un momento.

Quizás pensabas estar viviendo fuera de Barakaldo, o en un piso más grande. Tal vez imaginabas una familia diferente, una situación económica distinta o una casa con huerto.

Y si te preguntamos como la imaginabas hace 20 o 30 años, las diferencias se harán cada vez mayores. Nos ocurre a todos, muchas de nuestras proyecciones nunca llegaron a cumplirse exactamente como las habíamos imaginado.

La vida cambia constantemente. Las circunstancias evolucionan. Aparecen oportunidades inesperadas, problemas que no estaban en nuestros planes y etapas que se alargan o terminan antes de lo previsto.

Sin embargo, hay algo curioso. Aunque sabemos por experiencia que el futuro rara vez se comporta como esperamos, seguimos tomando muchas decisiones patrimoniales como si pudiéramos anticiparlo. O elegirlo.

  • Conservamos una segunda residencia por si algún año nos volvemos a juntar allí.
  • Mantenemos una vivienda con demasiadas habitaciones cerradas por si algún hijo vuelve.
  • Descartamos una venta por si algún día necesitamos de nuevo el salón gigante que albergó cenas familiares.

Tu inmueble respondió en su momento a una realidad que ya no existe. A una familia determinada, a unas necesidades concretas y a una etapa de tu vida que tenía sentido entonces.

Porque las familias cambian, los hijos crecen, los padres envejecen y las necesidades evolucionan. Sin embargo, seguimos tomando decisiones como si algunos futuros estuvieran garantizados.

Es precisamente ahí donde la proyección emocional empieza a ejercer su influencia.

No siempre conservamos una vivienda por lo que es. A veces la conservamos por lo que representa. 

⫸ Por la tranquilidad que nos proporciona saber que sigue ahí

⫸ Por los recuerdos que contiene

⫸ Por la posibilidad de que algún día vuelva a tener el papel que tuvo en otro momento de nuestra vida

Y eso convierte muchas decisiones aparentemente inmobiliarias en algo mucho más complejo de lo que parece.

Después de todo, desprenderse de una vivienda no solo significa renunciar a unos metros cuadrados. A menudo es aceptar que la vida que imaginábamos hace años ya no coincide exactamente con la que estamos viviendo ahora.

Cuando el patrimonio se estanca

Dejar ir es una de las decisiones más complicadas que, como seres humanos, tenemos que tomar en la vida.

Y nos ocurre con personas, con relaciones, con empleos y hasta con lugares.

No porque nos aferremos a ellos sino porque nos atamos a las emociones positivas que vinculamos a esa pareja, a ese amigo o a esa ciudad. ¿Cómo no iba a pasarnos con los hogares?

Aceptar que una etapa ha terminado no siempre resulta sencillo. De hecho, muchas veces ni siquiera somos capaces de llegar a hacerlo.

En las viviendas heredadas se observa claramente esta necesidad tan humana de mantener el vínculo un poco más. 

Muchos propietarios no necesitan el inmueble ni lo van a utilizar para ningún fin, y a pesar de ello, descartan venderlo porque se convencen de que lo usarán sus hijos o sus nietos en algún momento de su vida.

¿Es una elección realista o solo una proyección emocional? La respuesta dependerá de cada caso, pero conviene hacerse la pregunta.

Nadie sabe dónde vivirán esos nietos dentro de veinte años, si querrán quedarse en Barakaldo, trasladarse a otra ciudad o desarrollar su carrera en otro país. Ni siquiera sabemos si sus necesidades de vivienda serán las mismas que las actuales.

Pero eso no disuade a los herederos de mantener el inmueble a la espera de un futuro que todavía nadie puede definir.

En una ciudad como la nuestra hay viviendas que llevan cerradas diez, quince o incluso veinte años esperando a…

  • Una persona que nunca llegó
  • Una necesidad que nunca apareció
  • Un futuro que fue cambiando poco a poco mientras la vivienda permanecía inmóvil

Muchas viviendas no permanecen cerradas porque alguien las necesite. Permanecen cerradas porque nadie se ha atrevido todavía a cuestionar una decisión tomada pensando en el futuro desde la realidad del hoy.

Y aquí es donde la emoción choca de frente con la realidad financiera. 

Cada mes que pasa el inmueble sigue absorbiendo recursos por lo que la proyección emocional acaba por costar miles de euros al año. Un precio muy alto por mantener congelada una etapa que ya pasó.

Así que la pregunta no es si estás preparado para desprenderte de ese piso, es… si hoy supieras cómo va a ser realmente la vida de esas personas para las que lo conservas, ¿seguirías tomando exactamente la misma decisión?

Consejos Broker

Toda vivienda va a contener una carga emocional que no podemos evitar. Lo que sí podemos corregir es que esa carga sea la única que determine nuestras decisiones.

Para lograrlo, antes de decidir qué hacer con un inmueble, en Inmobiliaria Broker, recomendamos tres ejercicios sencillos:

⫸ Imagina que la vivienda no es tuya

Si estuvieras aconsejando a un amigo en la misma situación, ¿le recomendarías tomar la misma decisión que estás tomando tú o la opuesta? 

A menudo, la distancia aporta una claridad que a veces perdemos cuando hablamos de nuestro propio patrimonio.

⫸ Diferencia los recuerdos de las necesidades

Estamos seguros de que, si estás conservando una vivienda es por el enorme valor emocional que tiene, pero eso no implica que siga teniendo sentido mantenerla. 

Tus recuerdos no están en el inmueble, están en ti. Y eso nunca va a desaparecer.

Quizás sea hora de que tu piso genere nuevos recuerdos en otras familias.

⫸ Pregúntate qué ocurriría si tuvieras que decidir hoy

Olvida por un momento la decisión que tomaste hace años. Si esa vivienda apareciera hoy por primera vez en tu vida, con tu situación actual, tus necesidades y tus planes de futuro, ¿sería la elegida? 

Si la respuesta es “no” es momento de avanzar.

Las mejores decisiones patrimoniales no son necesariamente las más rápidas ni las más emocionales. Son aquellas que consiguen equilibrar lo que sentimos con la realidad que tenemos delante.

Porque imaginar el futuro es inevitable. Pero gestionar una vivienda exige decidir en el  hoy.

En Inmobiliaria Broker sabemos que detrás de cada vivienda hay una historia. No queremos que tomes una decisión rápida, sino la correcta para ti. 

Podemos ayudarte a analizar tu situación desde la realidad actual, no desde un futuro imaginado.

Contacta con nuestras asesoras 

 

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